Cómo el budismo trasciende los conceptos culturales
Fuente: Teachings on the nature of mind
Autor: Lama Ole: Nydahl
Es difícil imaginar una mejor situación de enseñanza que la que tuvo el Buda hace 2.550 años, con estudiantes altamente inteligentes y cuarenta y cinco años dedicados a compartir su iluminación. Por eso, las enseñanzas son extraordinariamente vastas. El Kanjur, las palabras directas del Buda, consta de 108 volúmenes que contienen 84.000 enseñanzas útiles, y los comentarios posteriores —el Tenjur— comprenden otros 254 libros de una pulgada de grosor cada uno.
Sus últimas palabras subrayan cuán amplias son estas enseñanzas:
“Puedo morir feliz; no he guardado ni una sola enseñanza en una mano cerrada. Lo que pueda beneficiarte, ya lo he dado”.
Como el budismo contiene tal riqueza de material, definirlo únicamente por lo que es puede resultar confuso. También saber lo que no es ayuda a delinear mejor sus contornos, y es una buena manera de comenzar. Debemos tener claro que es extremadamente práctico.
Cuando la gente le preguntaba al Buda qué enseñaba y por qué lo hacía, su respuesta era siempre la misma —muy simple y directa—.
“Enseño porque tú y todos los seres quieren ser felices y evitar el sufrimiento. Enseñó la manera en que son las cosas”.
Cada vez que alguien ha intentado hacer que estas enseñanzas encajen dentro de un sistema, ese sistema no ha sido lo suficientemente amplio. Por ejemplo, muchas personas dicen que el budismo es una filosofía. Esto es cierto en el sentido de que es lógico. La claridad mental es la expresión de la comprensión profunda y surge naturalmente a través de nuestro desarrollo. Como el budismo integra los aspectos emocionales, inspiradores, asociativos, intuitivos y lógicos de la mente —todos creciendo conjuntamente—, ¿por qué no llamarlo una filosofía?
Porque el budismo nos transforma. La filosofía es algo con lo que trabajamos externamente, en el plano de las ideas. Luego devolvemos el libro al estante. Aquí el budismo es diferente. Nos toca en nuestra totalidad y de manera duradera. Como las enseñanzas nos dan la clave para comprender lo que ocurre dentro y alrededor de nosotros cada día, nos modifican. Ya no somos los mismos después de haberlas aplicado.
Otros han destacado este efecto transformador y, por ello, afirman que se trata de una psicología.
¿Qué podemos decir ante eso? El objetivo de la psicología es claro. Todas las escuelas buscan mantenernos funcionales y no demasiado problemáticos para los demás o para nosotros mismos durante los sesenta a ochenta años que la mayoría vivimos.
El budismo continúa desde ese punto. Fue dado para traer dicha, inspiración y comprensión sin fin —para que toda riqueza surja continuamente en la mente. Produce un estado en el cual sujeto, objeto y acción ya no se experimentan como separados, y esa condición alegre y no dual permite que todas las cualidades perfectas de la mente se expresen naturalmente.
Aunque tanto la psicología como el budismo nos cambian, la psicología conduce hasta el punto donde el budismo comienza. El objetivo del budismo es siempre absoluto. Apunta más allá de la dualidad hacia un estado de unidad.
Finalmente, algunos sostienen que el budismo es en realidad una religión. Aquí primero habría que preguntarse qué se entiende por esa palabra. Proviene del latín re, que significa “de nuevo”, y ligare, que significa “unir”. Religión significa “re-unión”, pero en el budismo no hay nada con lo que volver a unirse. No existe un paraíso del que hayamos caído —un budista no podría confiar en esa idea. Si hubiéramos estado en algún tipo de estado perfecto y luego lo hubiéramos perdido, ese estado no sería perfecto y podríamos volver a caer.
Además, el budismo no es “new age”, donde una nueva verdad aparece repentinamente. En eso se puede confiar aún menos. Si algo surge en un momento y lugar determinados, debe estar condicionado. Al depender de varios factores, cambiará y seguramente desaparecerá.
Entonces, ¿qué enseña el Buda? Nos dice que existe una esencia subyacente, una verdad que nunca ha sido creada ni hecha. Es intemporal y lo impregna todo, pero puede ser comprendida y reconocida desde cierta posición y momento. A esta esencia intemporal la llama el estado de verdad, o Dharmakaya (sánscrito). Está en todas partes y siempre; la cuestión es solo cuándo la reconoceremos.
También es un alivio que descarte cualquier Dios creador, juzgador o castigador. Muestra el mundo como nuestro sueño colectivo. Nosotros mismos lo creamos. Surge de nuestro inconsciente colectivo. A través de nuestras acciones acumuladas (karma), aparecen las situaciones y nacemos en diferentes cuerpos y lugares. El propio Buda es maestro, ejemplo y amigo. Nos muestra cómo funcionan las cosas. Así podemos evitar el sufrimiento y tener la felicidad que deseamos.
Entonces, ¿qué es el budismo? La mejor palabra para describir sus enseñanzas es la que el propio Buda eligió. Él lo llamó dharma, y el término tibetano es chö. Significa “la manera en que son las cosas”. Cuando sabemos cómo funcionan las cosas, podemos hacer, pensar y decir lo que es inteligente y trae alegría, y al mismo tiempo evitar lo que trae daño. Ayudarnos a vivir, morir y renacer mejor —ese es el objetivo del Buda.
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